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Jordi Bonet
Miércoles, 18 de noviembre de 2015
El único jugador valenciano campeón de Europa

Alfonso Albert: el coloso de Torrent

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Puede presumir de ser el único jugador de baloncesto valenciano que ha ganado la Copa de Europa, ahora conocida como Euroliga. Además del título más prestigioso a nivel de clubes, también lo ha ganado todo en la competición doméstica en diferentes equipos. Ahora con 42 años y con 23 años de carrera profesional a su espalda, Alfonso Albert se retira del mundo del baloncesto.

Alfonso Albert (Torrent, 1973) se [Img #6191]marchó con 15 años a Badalona para formarse en las categorías inferiores del Joventut. En la Penya el valenciano disputaría 7 temporadas en las que tendría tiempo para hacerse con todos los trofeos posibles. Junto a los hermanos Jofresa y Villacampa fue participe en la consecución de la liga ACB del 92 y tocó el cielo en el 94 a las órdenes de Zeljko Obradovic conquistando la única Euroliga del Joventut. En el 97, su última temporada verdinegra, se alzó con la Copa del Rey disputada en León.

 

Tras un pequeño paréntesis en Ourense, Alfonso cambió la camiseta verdinegra por la blanca que portaba el Pamesa Valencia a finales de los 90.  No tardó ni una temporada en sumar más copas a su vitrina particular. Jamás se había clasificado el club para la copa de su majestad pero en su primera temporada lo lograron y para mayor satisfacción se alzaron con el título. Caprichos del destino el rival en la final fue el Joventut, equipo con el que Alfonso Albert había ganado el mismo trofeo justo el año anterior. “Fue una final muy emotiva para mí, el hecho de jugarla contra el equipo que me formó fue especial, me hubiese gustado que fuera otro el rival porque me sabía mal ganarles”.

 

Fue el primer gran triunfo en la historia del club. “Aquel año dimos el salto de calidad que necesitaba el club”. Un salto que se tradujo en más finales para el Valencia pero por desgracia no en más trofeos. Alfonso disputó la final de la copa Saporta frente a la Benetton y la final de Copa frente al Estudiantes pero ambas terminaron en derrota. La suerte tampoco acompañó en lo personal al jugador ya que en su última temporada en Valencia una lesión de rodilla no le permitió ayudar al equipo dirigido por Luis Casimiro.

 

De Valencia regresó a Ourense en la que sólo estuvo una temporada antes de hacer las maletas para aventurarse en la liga griega. “Mi deseo era jugar tras un año casi sin hacerlo por la lesión y decidí irme al Kolossos de Rodas”. Allí, haciendo honor al nombre del equipo, el valenciano se convirtió en un auténtico dominador. “Fue un gran año tanto para mí como para el equipo, subimos a la primera división griega y yo fui nombrado el mejor cinco de la liga. Tuve un gran protagonismo y el equipo se portó muy bien conmigo". No obstante, el gran momento en Grecia se truncó cuando recibió la noticia de que había dado positivo por doping al tomar alguna substancia prohibida. “Fue una decepción porque estaba ilusionado por jugar en la primera división y una substancia que me dieron en Valencia para la espalda que tenía fatal resultó que dio positivo. No pude jugar pero afortunadamente pude demostrar mi inocencia en el juicio y que era un producto terapéutico”. Pese a ser inocente la competición griega no quiso tramitarle la ficha y el jugador decidió no forzar más y regresar a España.

 

De la isla griega se trasladó a la isla de la Palma que disputaba la LEB Oro, allí estuvo dos años antes de marcharse al Melilla para más tarde regresar de nuevo a las Canarias pero esta vez a Tenerife. La crisis ya empezaba a asolar a los clubs de categorías inferiores y Alfonso tuvo que reestructurar sus prioridades. “Recibía ofertas de clubs de LEB Plata pero yo no podía estar moviendo a mi familia de un lado para otro porque no me compensaba”. Las prioridades del jugador pasaban por encontrar equipo cerca de Valencia y sus deseos se cumplieron al recibir la oferta del CB Llíria. “Jugar para un club mítico y siendo entrenado por Rodilla que había sido compañero mío 5 años fue estupendo. Yo me sentía más que un veterano pero tenía el gusanillo de seguir y sentirme jugador junto a jóvenes”.

 

Aquel gusanillo provocó que el jugador aceptase la oferta del Villarrobledo, pueblo natal de sus padres y al que se trasladaba en coche desde Valencia todos los viernes para entrenar y jugar los sábados. “Decidí pegarme esas palizas para ayudar al equipo a crecer y subir a EBA”. Cumplió el objetivo y llevó al equipo a la categoría de EBA, una competición a la que nunca había llegado el club.

 

Su última parada en el camino lo llevó a La Roda, equipo al que también ayudó a ascender a EBA pero al que no podrá acompañar en su nueva aventura. El jugador valenciano a sus 42 años ha decidido colgar las botas. Unas botas desgastadas por tanto viaje y tanto parqué, pero que ahora podrán descansar sabiendo que un día calzaron a un campeón de Europa.

 

 

 

 

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