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Ana Muñoz
Martes, 12 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

El cine valenciano ensaya con la inteligencia artificial

Entre la promesa de acelerar procesos y el miedo a sustituir miradas, la IA entra en guiones, montaje, aulas y promoción audiovisual en una industria local formada casi por completo por pequeñas empresas y autónomos.

La inteligencia artificial ya no es una herramienta lejana para el audiovisual valenciano. Se prueba en montaje, sonido, subtitulado, documentación, promoción y desarrollo de proyectos. Sin embargo, su llegada ocurre en un ecosistema frágil: 839 empresas en 2023, casi todas micropymes, y una profesión que se pregunta qué tareas puede delegar sin entregar la autoría.

Un sector pequeño ante una tecnología grande

La pregunta no es si la inteligencia artificial llegará al cine valenciano, sino qué parte del oficio va a tocar primero. En productoras, escuelas y festivales, la IA aparece como una promesa doble: permite ahorrar tiempo en tareas mecánicas y abre posibilidades creativas a equipos pequeños; al mismo tiempo, amenaza con abaratar el trabajo especializado y con hacer más borrosa la frontera entre apoyo técnico y sustitución profesional.

El contexto importa. En la Comunitat Valenciana, hay un total de 839 empresas que se dedican a la creación de contenido audiovisual y de videojuegos, según el informe sectorial de la Generalitat Valenciana para el año 2023. El 79,1% se concentra en actividades cinematográficas, vídeo y televisión, mientras que el videojuego representa el 4,5%. La situación económica también revela un problema estructural: el 99,9% son micropymes y más de la mitad de los agentes actúan como autónomos. En este tipo de estructura,  cualquier herramienta que reduzca costes puede parecer una oportunidad; cualquier automatización que recorte encargos es una amenaza.

Esa tensión llega en un momento en el que el cine español intenta consolidar su recuperación. Según la Estadística de Cinematografía del Ministerio de Cultura, en 2023 las salas españolas reunieron 76,7 millones de espectadores y 493 millones de euros de recaudación, aunque el cine español quedó en 13,4 millones de espectadores y 82,4 millones de euros. La IA se inserta, por tanto, en una industria que produce, exhibe y compite, pero que todavía pelea por público, visibilidad y estabilidad.

[Img #4634]Figura 1. Estructura aproximada del sector audiovisual y de videojuegos valenciano en 2023. Fuente: Informe sectorial de la producción audiovisual y videojuegos, Generalitat Valenciana.

 

Del montaje al aula: usar la IA sin perder el criterio

Vicente Ibáñez, montador de cine y televisión, identifica el cambio en fases concretas del flujo de trabajo, no en la esencia de su oficio. La IA, explica, ayuda a organizar materiales, transcribir entrevistas, buscar fragmentos o generar referencias visuales. En montaje, sin embargo, la decisión continúa dependiendo del ritmo, el subtexto y la emoción. “La IA puede proponer, pero el montador debe decidir”, indica. Su advertencia apunta a una idea central: automatizar no equivale a crear.

La lectura coincide con el marco europeo. El Parlamento Europeo ha descrito la IA en los sectores culturales y creativos como una tecnología que desplaza tareas humanas hacia algoritmos y, a la vez, empodera al creador individual. Esa ambivalencia se ve con claridad en Valencia: para una pequeña productora, automatizar subtítulos, limpiar sonido o prototipar una campaña puede significar llegar donde antes no llegaba; para un profesional autónomo, puede significar que un cliente confunda rapidez con gratuidad o que rebaje el valor de un proceso creativo.

En las aulas, la discusión se vuelve muy valiosa. Elvira Canós Cerdá, profesora titular y vicedecana del Grado en Comunicación Audiovisual en la UCH, sostiene que la universidad debe integrar las nuevas herramientas, pero no limitarse a enseñar botones. La prioridad, señala, es “la concienciación ética” y la idea de que el ser humano debe permanecer en el centro. Para Canós, las competencias del futuro combinan manejo tecnológico, conocimiento de la propiedad intelectual y espíritu crítico.

Lucía Navarro Santaisabel, actriz en formación y estudiante de Comunicación Audiovisual y Periodismo, observa la IA desde la interpretación. La acepta como apoyo para contextualizar, corregir sonido o mejorar trabajos de estudiante, pero rechaza que entre en el núcleo emocional del personaje. “Lo humano debería ser el motor”, afirma. Su postura refleja una inquietud generacional: aprender a usar algo nuevo que probablemente se use con frecuencia, pero sin estar de acuerdo en que lo que realmente importa pueda ser reemplazado fácilmente.

 

[Img #4641]Figura 2. Peso aproximado del cine español en espectadores, recaudación y películas exhibidas en 2023. Fuente: Ministerio de Cultura / ICAA.

[Img #4647]

Lucia Navarro, actriz y estudiante de Comunicación Audiovisual y Periodismo.

Autoría, deepfakes y cultura visible

El conflicto ya no se limita a si una herramienta funciona. La cuestión es quién responde por lo que produce. La autoría, los derechos de imagen, las voces sintéticas, los entrenamientos con obras protegidas y los deepfakes colocan al audiovisual ante un problema de legitimidad. En el cine, una imagen generada puede ser útil para ensayar una atmósfera; también puede apropiarse de estilos, rostros o músicas sin permiso.

El Reglamento (UE) 2024/1689 de Inteligencia Artificial intenta ordenar ese terreno. Su enfoque declara la necesidad de una IA centrada en el ser humano y fiable, con protección de derechos fundamentales. Para el audiovisual, una de las claves está en la transparencia: los sistemas que generen o manipulen audio, imagen, vídeo o texto deberán facilitar que ese contenido sintético pueda identificarse, y los deepfakes tendrán que informar de su naturaleza artificial. En obras creativas, se matiza esta obligación para no impedir su exhibición. Sin embargo, se mantiene el principio de incluir una advertencia.

La dimensión ética también afecta a la diversidad cultural. Si los algoritmos de recomendación deciden qué se ve y qué queda enterrado, la cultura local corre el riesgo de competir en condiciones desiguales frente a contenidos producidos o promocionados por grandes plataformas tecnológicas. La IA puede ayudar a un cortometraje valenciano a subtitularse, distribuirse y encontrar públicos; también puede empujar a todos a imitar las mismas fórmulas visuales si se aceptan sus sugerencias sin criterio.

Por eso, el debate valenciano no debería plantearse como una guerra entre tecnología y creación, sino como una negociación con límites. El sector necesita herramientas, formación y regulación comprensible. Pero también necesita preservar aquello que los entrevistados repiten: el criterio humano. La IA puede acelerar una búsqueda, limpiar un audio o proponer un corte. Lo que todavía no puede hacer es hacerse responsable de por qué una historia merece ser contada, desde dónde se mira y a quién deja fuera.

En una Comunitat Valenciana llena de talento, festivales, escuelas y productoras pequeñas, el reto no es subirse a la ola por miedo a quedarse atrás. El reto es decidir con qué condiciones se entra. Si la IA se usa para ampliar capacidades, puede ser una aliada. Si se usa para ocultar precariedad, borrar autorías o uniformar relatos, será una amenaza. El futuro del cine valenciano no dependerá solo de la tecnología que incorpore, sino de la cultura profesional que construya alrededor de ella.

[Img #4648]Figura 3: Infografía. Fuente: elaboración propia. 

 

 

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